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ubicuamente : breviario de incertidumbre

G.W.Bush y/o J.F.Kerry

Ganó Bush, como era de esperar. Cato el resultado, no me sabe a decepción, sino a ese amargo poso de la tragedia inevitable: el único resultado posible era que ganase o Bush o Kerry. ¿De perogrullo? Por supuesto, esa es la tragedia.

Sólo hay un camino a seguir, y en una dirección. Por detrás, una caravana de consumidores creyéndose ciudadanos, con prisa, pega bocinazos obligándote a decidir por qué lado bordear la glorieta. No te preocupes, ambas rutas confluyen tras un tramo breve en el que sólo cambia el paisaje. ¿El destino? Sonríe con melancolía: no hay destino. Declaraciones, debates televisados, datos macroeconómicos: soliloquios, coloquios y circunloquios. Y esa caravana que sigue pitando y dando luces, apresurada por llegar a las próximas elecciones. Se han levantado un par de minutos antes de lo habitual, con el pulso vivo, el alma serena y una idea firme. Se creen, de nuevo, ciudadanos, participantes de un sistema que cuenta con ellos, ostentan el vero poder (sí, ya sé que 'vero' está en desuso): "¡God bless America! ¡Pero qué libres somos!"

Y lo son, que nadie lo dude. Alguien afirmó que el conocimiento nos hace libres, quizás se olvidó de que la libertad es subjetiva, de que sólo es libre quien se cree libre. O quizás no, quizás ya estaba de vuelta y quiso decir que nos creemos libres en la medida de nuestro conocimiento. Da igual, los americanos (quienes resucitaron el término bonapartiano 'latino' para no hallarse en la terrible tesitura de compartir gentilicio con sus indeseados vecinos) saben que son libres, no puede ser de otra manera: leen sus prestigiosos diarios (paradigma del subterfugio de la imparcialidad), ven los mismos canales que han conseguido que todos consuman lo mismo para creerse especiales, estudian la Historia que les demuestra que su grandeza como nación consiste en haber matado a millones de individuos para otorgarles la libertad. ¿Qué más quieren? ¿Qué un puñado de gilipollas les diga que su única participación real en la política la hacen consumiendo? Ya lo saben, y así lo quieren.

Estoy convencido de que millones de europeos se han llevado las manos a la cabeza, despotricando de la ciudadanía estadounidense, indignados por su ignorancia y convencidos de su inconsciencia. ¿De veras creen que no han votado, conscientemente, por el Imperio? Ya saben que la Guerra Santa de Bush sólo mata a los infieles al liberalismo para hacer más grande a sus USA y a las empresas que los sustentan. Y así lo desean, pues así han sido adoctrinados.

Realmente, no veo grandes diferencias con la gran masa de ciudadanos europeos cuya única máxima política consiste en considerar excesivos los privilegios de los grupos a los que no pertenece. Otro signo de estos tiempos: la ideología transformada en moral. Masas enfervorizadas que se escupen a la cara gritándose "¡malos!" como púberes escolares dando por hecho que ellos, por ostentar su propia perspectiva -dudoso privilegio- son los buenos.

- ¿Y usted, prohombre, sabedor de su virtud moral? ¿Qué marca desea elegir?
- Bueno, la que echan en la tele, como en todo lo demás.
- Estupenda elección, los productos son semejantes pero usted ha encontrado la garantía de su satisfacción. ¿Y bien? ¿Qué elegirá? ¿PSOE ó PP?

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Viejos, putas y putadas

A Gabo le han publicado la novela, Memoria de mis putas tristes: algún traficante de sueños (que de todo hay), con algún original -se supone- extraviado, se ha convertido en editor de facto, sin contrato ni previo aviso. Hoy, víspera de la publicación oficial -acelerada por la oficiosa-, y desde hace varios días, un top manta literario se escurre por entre las calles de Bogotá. ¡Pasen y vean! Por unos pocos dólares pueden viajar, a buen seguro, por una obra maestra.

He de reconocer que nunca he pagado por leer a García Márquez, bibliotecas y amistades me han suministrado las dosis oportunas, y que nunca he gustado de lanzamientos o novedades. Dudo, sin embargo, haberme podido sustraer al embargo emocional de la anticipación, de lo prohibido, de vivir el presente de una futura anécdota en la biografía de García Márquez.

Otra ventaja para tan económica edición, sin otro gasto que el de impresión, es la rumorología publicitaria que se ha encargado de difundir su editorial, Mondadori. A diez años de su última novela, más parecía un intento de revitalizar el cadáver del gran 'realista mágico' que el verdadero anuncio de una nueva obra, pero ¡ay, incrédulos! aquí está. Y honrando, ni más ni menos, que a Kawabata Yasunari y a su La casa de las bellas durmientes.

Cuando lea la memoria de las tristes putas del personaje de Gabo podré encontrar similitudes, hasta entonces no puedo si no seguir recomendando con entusiasmo la novela de Kawabata (como desde que la leí). Una novela al pleno estilo japonés, sin introducción ni desenlace: un nudo gordiano del que se perderán a buen seguro grandes rasgos y pequeñas sutilezas en la traducción, algo que nunca sabré. Una novela que pela las capas de la senilidad y la sexualidad en la conciencia, revelando obviedades olvidadas, y hace que conceptos como viejo verde duelan como alusiones propias. Una poesía, de un solo verso, que no deja ostentosos sintagmas, grandes ideas o intrincados personajes, sino un poso de sabiduría serena que nos acerca a la perspectiva desde la cual la edad es una etapa del viaje común. Como dice un entrañable compañero de distracciones y gran mecenas, "hay que llegar a ellos".

Violencia de género

Esta ley sale coja y tumefacta. Pegadita a la tradición de los gobiernos liberales de cagar leyes ad hoc por (y/o para) no tener unos principios claros sobre los que gobernar. Extraer esta suerte de violencia del Código Penal para crear una ley, fue una exigencia de cierto feminismo que vive enclaustrado en sus preocupaciones.

Si el PSOE con la Biblia, perdón, la Constitución en la mano, llegó a la conclusión de que no se pueden mantener disinticiones legales por razón de sexo. ¿Cómo se le ocurrió crear una ley en la que en un caso de violencia familiar la pena (ergo la culpa) sea mayor para hombres que para mujeres? Por la falta de presión social, que no es más que la falta de lobbies de ancianos maltrados por sus hijos, de hombres maltratados por sus mujeres, o hijos maltratados por sus padres. ¿No existirán acaso hombres o mujeres maltratados por su pareja homosexual? ¿No se habían propuesto ampliar el ámbito del matrimonio?

Lo jodido de todo esto es el tufillo a fracaso de tan fantástica medida (sí, es ironía). La violencia es un recurso con el que siempre ha contado el ser humano (como tantos otros animales) que se muestra como un lastre para el desarrollo social, el individuo cede parte de su cuota de violencia cuando los jefes tribales se encargan de sus asuntos. En Galicia, país de minifundios, es notoria la transición observada en la resolución de los conflictos por lindes terrenales: antaño resueltos por el arcaico método del golpe de sacho, hoy suele dilucidarlos un juez.

La violencia en el ámbito doméstico trae más cola de la que puede recoger una ley tan miope. Para obrar un verdadero cambio sólo se puede contar con la educación, el único motor que puede hacer salir a esta sociedad de la perspectiva desde la cual la virilidad es violencia (física o verbal) y la femineidad sumisión.

Eduardo Haro Tecglen comenta: Mi duda está en que una gran parte de los agresores se suicidan o se entregan a la policía: cuando matan saben ya que su vida está perdida, y les daría igual hasta la pena de muerte, si existiera.

¿Qué agresor tomará en cuenta la ley para no agredir a su esposa? Se ven más ansias en el PSOE por desfacer entuertos que por prevenirlos.

Matrimonio homosexual

No puede tener otro nombre que matrimonio el producto de un casamiento, a pesar de la cerrazón intelectual inyecta de moralina de la mojigatería en pleno. El significado de las palabras muda sin cesar para adaptarse a una realidad en continuo movimiento. ¿A alguien le pareció absurdo que cuando se inventaron las escopetas de dos cañones se les llamase así? ¿A algún pardillo se le ocurrió censurar tal denominación y proponer: 'arma de fuego con dos cañones largos'? Parece evidente que lo que se ha hecho, en la práctica, es eliminar un requisito del matrimonio, no crear una nueva figura. Por suerte, lo más probable es que la economía del lenguaje ponga las cosas en su sitio.

Lo que me sorprende, es la rapidez con la que el PSOE está cumpliendo con las promesas que hizo a todas las asociaciones pro-algo que le prometieron apoyo incondicional; más baratas y beneficiosas para la sociedad que las que le hizo el PP al gran capital (o viceversa). No se ha dado tanta prisa con otras necesarias normalizaciones de realidades de facto, como el aborto. Algunos le llamarán prudencia política, yo sólo parcialidad.

Y es que a día de hoy, las realidades subjetivas que se imponen sólo son dos: el consumismo sermoneado en el púlpito de la televisión, y la corrección política de las asociaciones civiles desgraciadamente necesarias. Y digo desgraciadamente, porque es lamentable que en una democracia que se vende como la mejor de las posibles, sea necesaria la existencia de asociaciones de ciudadanos para reclamar soluciones a problemas que no interesan a la clase dirigente. La otra cara de la moneda, es que conquistados sus objetivos iniciales (en el mejor caso), perpetúan su existencia, con ánimos renovados y nuevas reivindicaciones que, en ocasiones, les encierran en un mundo monotemático sin ventanas hacia la realidad. En todo caso, es el mismo problema de todo el asociacionismo.

Lo que no puedo negar es un cierto sentimiento de decepción por el que parece ser el futuro desenlace de la anomalía legal respecto de las parejas homosexuales en Occidente. Yo esperaba más de este reciente debate, que sólo en los últimos años ha alcanzado el ámbito social. Esperaba otro resultado, que la sociedad (y aquí excluyo a la masa reaccionaria amedrentada por todo lo nuevo) concluyese que lo anómalo era el matrimonio, que lo deseable era restringir a los estados la competencia de regular las uniones entre personas, las familias. Pero ¿qué se puede esperar de la 'nueva' democracia que permite y fomenta el libertinaje para que los grandes capitales tambaleen a su antojo los cimientos de la sociedad y se entromete en la vida privada de los ciudadanos que la sustentan?

Es un pequeño paso en donde se podía haber dado un salto, pero la evolución de la sociedad se pinta a pequeñas pinceladas y no a grandes brochazos. Como se dice en mi pueblo: éche o que hai!.

La mujer

¿Mujeres? Hay mujeres serenas y sabias que nos muestran el mundo; mujeres que premeditan cada pestañeo, cada inspiración, con el único fin de 'estar monas'; mujeres -con velo- que obligan a sus hijas -otras mujeres- a llevarlo contra su voluntad, mujeres que aceptan llevarlo, mujeres -que no lo llevan- que desearían obligar a todas a no llevarlo; hay mujeres cristianas, mujeres musulmanas y mujeres ateas; mujeres que odian el sexo y otras que disfrutan de la vida y otras, o las primeras, que creen que estas últimas son todas unas putas; hay mujeres que piensan que todos los hombres somos unos cerdos, mujeres que piensan que hay gente que vale la pena; mujeres que sufren, mujeres que paren poesía de desgarrados corazones; mujeres altivas, mujeres pintoras; mujeres que creen que su único sitio -y el de todas- es cuidando de su familia; hay mujeres que aman a otras mujeres y otras que las aman a todas; mujeres sinceras; mujeres que no se sienten mujeres; mujeres asesinas; mujeres comunistas; mujeres que maltratan a su familia; mujeres que narran vidas con magnífica sencillez o embaucadora complejidad; hay mujeres que se creen personas antes que mujeres y otras que todo lo contrario; hay mujeres... tantas como mujeres.

Y algunas mujeres, y algunos hombres, con una espantosa simplificación, resumen 'la mujer' creyendo haber hallado un arquetipo exportable a cualquier caso. Y hablan de la mujer como víctima de una sociedad patriarcal creada por el hombre para subyugarla, como si ella fuese ajena a la sociedad y a su desarrollo.

La sociedad, sexista, que ha obligado a tantos hombres a la guerra, que ha obligado a tantas mujeres al hogar, que ha dimensionado la vida de los individuos en función de su sexo, no es más que el conjunto de hombres y mujeres que han nacido unos de otros, aprendido otros de unos, vivido, amado, opinado... es la única solución posible a una ecuación cuyos factores, a toro pasado, no podemos alterar. Quien quiera cambiar esto, que cambie su vida, y quizás, algún día, la sociedad, asexista (disculpen el término), obligará a las personas a desembarazarse del escudo del sexo y a afrontar su identidad sin más perspectivas que: 'eres tú'.

El vacile

Vacilar, putear, burlarse, tomar el pelo... podríamos seguir durante muchas líneas, pero el espacio es oro en la blogosfera. Es una habilidad probablemente tan vieja como la humanidad (y ciertas conductas observadas en varias especies de simios inducen a pensar que quizás incluso más). ¿Habilidad? Sin duda, y de las adquiridas por métodos poco ortodoxos. ¿Quién no conoce al típico superdotado del vacile, del que todo el mundo se aleja pero no tanto como para no poder oírlo?

El objetivo de todo vacile se encuentra en un algún punto de una recta trazada por la diversión -propia y ajena (vamos, reconocedlo...)- y el orgullo (directamente proporcional a la humillación del otro).

A pesar de su enorme diversidad, los vaciles suelen compartir una estructura común:
* Planteamiento: momento en el que un individuo, por lo común un vacilón en busca de una víctima propiciatoria, reta a otro que debe recoger el testigo para que la batalla dialéctica tenga lugar. El reto, siempre mordaz, puede partir del encubrimiento, del insulto o del sarcasmo; y, entre las diversas aceptaciones encontramos, respectivamente, no pillarla, responder o callarse (el más peligroso de los comienzos, que presagia un pronto desenlace).
* Nudo: la chicha del asunto, donde el único arsenal es el ingenio, tan variado que no veo como clasificarlo. La diversión proporcionada al indefectible espectador es equivalente a la suma de los niveles de habilidad de los contendientes, los cuales, si además son parejos, convierten la discusión en memorable.
* Desenlace: en este punto el vacile se convierte en un soliloquio humorístico para mayor recreación del vencedor. El derrotado puede o bien callarse, cabizbajo, si es buen jugador, o enfadarse, si tiene algún complejo.

A poco mojigato que uno sea siempre tilda a quien reta de cruel y al vencedor de despiadado. Pero ¿se puede renegar de una actividad lúdica tan arraigada en nuestras costumbres? La prístina lucha física se refinó convirtiéndose en arte marcial para, después, degenerar en deporte. ¿Qué pasará con esta modalidad de lucha intelectual? ¿Habrá algún día un centro de alto rendimiento para vacilones? ¿Habrá una liga profesional?

No puedo acabar sin remarcar el hecho de la aceptación y sin valorarlo en su justa medida. Como muestra, escuchad (si teneis eMule o algún otro cliente compatible) a Manolo Cabeza Huevo convirtiendo en magnánimo un vacile que, sin su entregada aceptación, no habría pasado ser de patio de colegio. La foto de este hombre debería aparecer, en la Enciclopedia del Vacile, al lado de 'trapo (entrar al)' o 'anzuelo (tragar el)'.

Eduardo Haro Tecglen

Eduardo Haro Tecglen es de esa clase de personas a las que, bien sea en acuerdo o desacuerdo con sus ideas, es imposible negar su honestidad y su sentido crítico. Siempre he pensado que su estilo, vivaz y directo, era muy apropiado para un blog. Y aquí está. Todo un placer.

El discurso ultraliberal

El debate ideológico del neoliberalismo es simplemente inexistente, se escuda en aportar confusos datos macroeconómicos que sólo interesan a los grandes capitales y sólo convencen a ilusos e indocumentados.

La UE fue creada (y cumple a rajatabla su cometido) para controlar el tráfico de capital entre los estados europeos, para homegeneizar el mercado y para permitir a las multinacionales implementar un modelo económico obligado a los estados ¿cuál es el resultado de todo esto?

En España, las grandes corporaciones que fueron creadas con el dinero de todos han sido regaladas a tecnócratas e industriales que hicieron su agosto en las últimas décadas de la dictadura de Franco. El PP, digno sucesor del anterior, y formado por integrantes de tales grupos de interés ha conseguido descapitalizar al Estado y perpetuar su poderío económico más allá de lo político: grupos mediáticos, control energético y logístico...

En pocos años la producción se ha ido abaratando a costa de reducir el nivel de vida de los trabajadores y de explotar sin escrúpulos monopolios de facto utilizando los recovecos legales generados ad hoc en 8 años de gobierno del PP. Cuando la UE se convierta en lo que esperan de ella las grandes multinacionales de Europa Occidental habrán invadido los países de Europa del Este en busca de mano de obra barata y leoninos contratos y convertirán a Europa Occidental en su objetivo: un macroestado al estilo de EE.UU. en el que la clase dirigente hace negocios con el dinero de todos sin rendir cuentas a nadie y la clase obrera, adoctrinada por los medios, sólo sueña con 'ser alguien' mientras suplica postrada de rodillas la caridad que les permita educar a sus hijos o, si quiera, vacunarlos.

Mientras tanto, los principales grupos políticos del país se dan palmaditas en la espalda esperando una Constitución Europea que colmará de gozo los intereses de quienes los sustentan; ¿y nosotros? vemos como se desvanece el 'estado de bienestar' mientras alucinamos con el nuevo móvil a 1 euro si te cambias a contrato, con los problemas de los bufones de la corte rosa que viven a cuerpo de rey a costa del vacío mental de muchos y con si Beckham corre o se la rasca en un partido del que nadie saca nada... Pan y circo y nosotros a mamarla, que pa eso estamos.

¿Taxonomizar la blogosfera?

Seth Godin ha concebido elaborar una taxonomía de la blogosfera. Las tres categorías que propone: news blogs, writer's blogs y our blogs son inútilmente difusas y vienen haciendo referencia, a mi modo de ver, a la perspectiva adoptada en el blog, respectivamente: él, yo y nosotros; pero ¿se puede hablar de 'él' o 'nosotros' sin hablar de 'yo'?

Una de las maravillas que ha generado la blogosfera es su enorme potencial para la creatividad colectiva, para generar una retroalimentación descentralizada de simples bosquejos de ideas hasta que éstas van tomando forma y creando conceptos sólidos. De hecho, aquí estoy - cara a cara con mi PC - comentando esta idea, algo que Enrique Dans ya ha hecho.

En su opinión, los taxones de Godin no son válidos ya que carecen de la claridad necesaria para que la categorización sea inequívoca y, sin duda, tiene razón. Propone, a vuelapluma, que las categorías se describan en función de la herramienta de publicación, el número o características de los autores y/o su finalidad. Sin embargo, estas propuestas y cualquier otra, adolecen de la misma incapacidad que las originales.

Aplicar con rigor los criterios taxonómicos en semejante clasificación la hace impracticable. La taxonomía se basa en describir un sistema complejo (tanto como la vida) en un estadio determinado (hoy), ni contempla la dinámica evolutiva ni toma en consideración las características variables del individuo. La simple imposibilidad de describir una estructura genealógica para clasificar a los blogs (sí, conozco BlogTree pero su estrucutra más que arborescente es reticular) y el hecho de que en la blogosfera cualquier hibridación sea factible, hacen que simplemente carezca de sentido plantearse elaborar una taxonomía.

La veloz dispersión de ideas por la blogosfera, el aburrimiento y/o la falta de criterio pueden hacer que esta propuesta (u otras semejantes) se lleven a cabo. Sin embargo, cualquier abstracción, cualquier estructura mental que creemos para organizar (conocer) aquello que nos contiene no es siempre aplicable en todos los ámbitos. Si no, creemos una taxonomía de la gente maja o de las cañas que me he tomado ayer... pues eso.

Susana Seivane y Mikel Erentxun

Hoy he ido a ver a la gaiteira Susana Seivane (y a su banda) al antiguo campo de fútbol de Seminario Mayor (¿campo de fútbol + Seminario Mayor? estos curas no saben qué hacer para aligerar la indumentaria de sus lacayos). En términos generales estuvo bastante bien, en especial el bajista: Kin García. Música tradicional gallega con algún que otro sincretismo interesante (con la rumba, por ejemplo) y algunos riffs con amalgamas rítmicas al estilo de Berrogüetto. Coincidencias de la vida, el batería es el tipo que me vendió las congas.

Tras el concierto y unos minutos de cuñas radiofónicas de una de esas cadenas que hacen listas de 'a ver quien paga más' llegó Mikel Erentxun. No recuerdo haber escuchado nada nuevo de él desde que se deshizo Duncan Dhu, quienes tenían un par de temas resultones, y las cuatro primeras canciones del repertorio me han convencido de que no lo vuelva a hacer; de hecho, tras soportar los cuatro temas de rigor estoicamente (dando un breve margen de confianza) y un par de aplausos inconscientes (no sé si por el tema o por haberse callado), huimos en desbandada (como mucha otra gente). Lo de este tipo es increíble: el mismo ritmo, el mismo pulso, las mismas cadencias... canción tras canción, empalagando hasta la salivación. "Ven, ven, bomba nuclear" fue una de las frases que más me conmovió, las demás, igualmente absurdas, desfilaban por los temas como arrancadas a flatos de una garganta poco hábil. Un primor, vaya.

Victor Wooten

Victor Wooten

Victor Wooten es uno de esos músicos geniales que fechan las generaciones y a partir de los cuales tocar un instrumento nunca vuelve a ser lo mismo. Un solo de bajo de Wooten es una experiencia inolvidable para cualquier melómano y no sólo en el aspecto técnico - que en mi humilde opinión es incluso superior al difunto Jaco Pastorius - sino también en el musical y, me atrevería a decir, en el plástico. Es una de esas visiones que me aísla del entorno, me abre los ojos sin mesura y me pone una sonrisa estúpida que deja translucir un "increíble". Y como muestra, un solo en un concierto con Bèla Fleck (que sólo podrás descargar mediante eMule u otro cliente compatible).

Victor Wooten comenzó a tocar el bajo eléctrico a los 3 años, sé lo que estás pensando y estás en lo cierto: era más grande que él, y a los 5 ya tocaba profesionalmente en los Wooten Brothers (la comparación con los Jackson Five es inevitable). Más tarde, él y su hermano RoyEl (The Future Man) - otro crack, éste toca la percusión con un instrumento inventado por él mismo: la Drumitar -, fueron reclutados por Bèla Fleck, considerado el mejor banjista de todos los tiempos (sí, sus madres los paren y ellos se juntan), para formar los Flecktones: una banda ecléctica que mezcla bluegrass, cajun, funk, jazz y cualquier otra música norteamericana que se les ponga por delante.

Desde entonces su evolución ha sido imparable, entre otras cosas ha tocado con músicos de la talla de Chick Corea, Jon Anderson (Yes) o Adrian Belew (King Crimson), ha editado un disco doble en solitario y un par de álbums de jazz rock con Scott Henderson (Tribal Tech) y Steve Smith (Vital Information) bajo el nombre de Vital Tech Tones.

Lo dicho, un genio.

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Hoy

Hoy comienzo este nuevo breviario, weblog o como quiera que se llame, con la única intención de no ser más que eso, otro pedazo de la blogosfera, otra vida virtual en esta amalgama de buses y procesadores que ha acabado por convertirse en el más humano de los medios artificiales de comunicación: Internet.

Aquí, por tanto, establezco mi geografía: ubicuamente.tk (sin renegar de posibles futuras migraciones a otros dominios), y pongo una gran rama sobre la puerta (o un farolillo rojo) para que cualquiera tome de aquí lo que desee sin más coste que el tiempo que desee gastar y las ideas que interprete en su lectura.

Soy consciente de que ninguna comunicación es del todo completa, y de que el ruido que crean las imágenes que asocio a cada palabra no será, nunca, el creado por cualquier otra persona. Pero es precisamente eso lo que ha creado el debate y, por tanto, la cultura y eso es precisamente lo que pretendo (y en cierta medida todos): amplificar mi ruido. Y de todo este ruido, y de todos los ruidos, emana la dulce melodía que cada uno tararea a su modo y que venimos llamando 'vida'.

El holocausto

El holocausto

El sionismo primigenio, creado por el agnóstico Theodor Herzl a finales del siglo XIX e inspirado por el auge nacionalista europeo, pretendía convertir la religión judía en la nación judía. Su maquiavélico deseo, ampliamente rechazado entre los judíos coetáneos, consistía en crear un estado judío en cualquier territorio donde fuese factible expulsar a sus habitantes, consideró como viables Uganda, la Tripolitania, Chipre, Argentina, Mozambique o el Congo.

Sin embargo, pronto Herzl se percató de lo sencillo que resultaba vincular la falaz historia mitológica bíblica (un pueblo unido que conquista su Tierra Prometida) que él llamaba “la poderosa leyenda” a la situación política del momento: aquellos judíos que rechazaban la recién inventada nacionalidad judía no podrían sustraerse al embargo emocional de conquistar Eretz Israel, Herzl consiguió a posteriori lo que no habían logrado veinte siglos de integrismo cristiano, que los judíos olvidasen su “alianza con Dios”. La “santidad” de la tierra, según la Ley judía, no era una propiedad intrínseca a Palestina – ese es el caso cristiano – sino al pueblo que la habitase respetando la Ley.

La evidente absurdidad de relacionar el asentamiento de colonias judías en Israel con una suerte de profecía bíblica no debió parecer suficiente a miles de judíos que comenzaron un éxodo desde sus naciones de origen a Palestina para abrazar una nueva nacionalidad: la judía. Para los sionistas el mundo se dividía en los habitantes de Israel (los “elegidos”) y los demás, cualquier acto que conllevase muerte y destrucción estaba justificado si ayudaba a la causa sionista que pronto monopolizó y convirtió a la causa judía. Los sionistas sabían que para alcanzar sus anhelos coloniales era necesario asesinar y expulsar a cientos de miles de palestinos: no les importó.

Entre 1904 y 1939 se establecen en Palestina más de 300.000 judíos procedentes en su mayor parte de Europa Oriental. Las organizaciones judías formadas por estos inmigrantes forman ejércitos terroristas con el objetivo de “liberar Israel”: Irgun, Lehi… que son combatidas tanto por los palestinos como por el ejército británico.

Acabada la 2ª Guerra Mundial, EE.UU. y el Reino Unido deciden partir Palestina para asegurarse una base aliada para el acceso al petróleo de Oriente Próximo. Desde entonces el autoproclamado Estado de Israel ha extendido su imperialismo a todos los estados vecinos: Egipto, Jordania, Siria y Líbano y ha ejecutado su “solución final”: el genocidio palestino. Mientras tanto, los mismos estados occidentales que justificaron su existencia han mirado para otro lado desviando la atención a conflictos de menor trascendencia. EE.UU. ha vetado sistemáticamente todas las resoluciones propuestas en la ONU para condenar la actividad militar del Estado de Israel.

Actualmente, la opinión pública internacional consiente el genocidio palestino como solución al terrorismo. Israel, apoyado militar, económica y mediáticamente por EE.UU. es mostrado como un moderno estado democrático – en el que sólo los judíos pueden ser ciudadanos israelíes – y el pueblo palestino se caricaturiza como a un puñado de integristas musulmanes prestos a destruir la civilización occidental.

Israel destruye sistemáticamente las poblaciones palestinas, de asentamiento secular, rebautizándolas con bíblicos nombres hebreos y regalando casas y terrenos a cualquier judío que se digne a participar del genocidio. Desde los mass media occidentales se dibuja una situación enfrentada en la que ningún contendiente quiere la paz; sin embargo, Israel sabe que no existe paz posible en un enfrentamiento no entre dos ejércitos, sino entre uno de los ejércitos mejor armados del mundo y un pueblo indefenso abandonado a su suerte, un pueblo sin gobierno, sin estado y sin futuro.

El objetivo de Israel no es conquistar la paz, sino todo lo contrario: expulsar o aniquilar a todos los palestinos para ampliar su estado “puro” judío. Las armas de los palestinos consisten en actos terroristas suicidas, hecho que desvincula la lucha por la liberación de Palestina del integrismo islámico y las piedras, que son lo único que el ejército de Israel deja en los poblados tras devastarlos. Al comienzo de la Intifada, Isaac Rabin (visto desde Occidente como un “luchador por la paz”), ordenó romperles los brazos a los niños para evitar que apedreasen los tanques israelíes que destrozaban sus casas, sus cultivos y sus vidas. Sin embargo, la actitud de Rabin contra los palestinos fue considerada insuficiente por el sionismo más radical que festejó su asesinato a manos de un judío ultraortodoxo.

Si Isaac Rabin era considerado un interlocutor válido para alcanzar la paz, si Ariel Sharon, quien en sus largos años de servicio a la causa del genocidio palestino ha provocado miles de muertos, se considera un interlocutor válido. ¿Qué esperanza le queda al pueblo palestino? Conocemos la respuesta.

Lecturas sugeridas:

Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy

¡Palestina existe! José Saramago, Noam Chomsky et al. Ed. Foca

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La oreja de Paco

La oreja de Paco era enorme, aunque no llamaba la atención por estar en armonía con su descomunal cabeza, que sí que llamaba la atención ¡y de qué manera! Esta oreja tenía un pliegue en el lóbulo, la abuela siempre había dicho “éste no espabila en la vida, miradle el lóbulo de la oreja”, cosas de la vida, la abuela, por una vez, había tenido razón, aunque nunca lo llegó a saber: cuando Paco necesitó una habitación desalojaron la de la abuela y la llevaron a un asilo, desde entonces no la habían vuelto a ver, ni en su velatorio. Los pliegues de su oreja, profundos y sinuosos, como extrañamente compactados, daban a la oreja la apariencia de una col; estaba además rotada, de modo que el lóbulo apuntaba hacia detrás, y volteada hacia delante. Esta perpendicularidad respecto a su nariz era el aspecto de su fisonomía que más disgustaba a Paco: con ocho años había acuchillado a su madre hasta matarla por haber escrito en su puerta, con grandes letras rosas, “oreja de soplillo”. Por lo demás, la oreja era como las demás: se ubicaba, más o menos, en donde casi todas las orejas, en un lateral de la cabeza.

Una soleada mañana de Diciembre, mientras Paco admiraba su oreja ante un espejo, observó que el pliegue superior – la “hélice” – había tomado una extraña tonalidad, más oscura. Rotó, giró e inclinó la cabeza en todas las direcciones imaginables, pero no consiguió ver nada por debajo del pliegue. Desde fuera todo parecía normal, sólo aquel color oscuro revelaba que algo había cambiado en Paco.

Exaltado, Paco corrió hacia el centro de salud que coronaba su calle intentando fijarse en cada escaparate en el reflejo de su oreja pero sin aminorar la marcha. Llegó jadeante y visiblemente alterado.

El médico era un hombrecillo de mediana edad flaco, desgarbado y adusto; su cara reflejaba la frustración de no haber podido ser médico forense, su gran vocación. La enfermera era una mujer grande, voluptuosa, de húmedo aspecto y grandes senos, vestía minifalda, camisa ceñida y cofia; podría decirse que representaba el forzado arquetipo de enfermera pornográfica.
– ¡Mmmzengo la ogueja odscuda! – informó esforzadamente, el resultado no fue del todo malo si tenemos en cuenta que Paco, además de gangoso, era sordo de nacimiento.
– ¿Cómo? – inquirió el médico constriñendo la expresión.
– ¡Je mzengo la ogueja odscuda! – exclamó de manera aún más esforzada.
– Yo creo que dice que tiene la oreja oscura – interrumpió la enfermera.

El hombrecillo estalló en carcajadas y se estuvo riendo un buen rato hasta que vio que Paco y la enfermera le observaban serios.
– ¡Coño! ¡Pues es verdad! ¡La hélice es más oscura! – y cuando se hubo repuesto – ¿qué coño podrá ser?
– Yo creo que eso es la oreja.
– ¿Cómo?
– La oreja.
– ¡Ah! Sí, sí… claro [inspira]. Bueno [suspira], veamos...

Agarró el pliegue superior de la oreja de Paco e intentó doblarlo.
– ¡Joder! ¡Qué duro está esto! Tráeme el espejito de las rayas.
– Joserramón… – exigió alarmada.
– No te preocupes, mujer, es sordo. Trae… a ver si con esto…

Pasó la lengua cuidadosamente por el espejo y lo secó con la manga de su bata. Por suerte cabía ampliamente en la oreja de Paco, lo orientó y ambos se acercaron a comprobar que podía provocar aquella extraña tonalidad en la hélice de Paco.

El hombrecillo comenzó a vomitar por encima de sí mismo, las violentas arcadas convulsionaban su frágil cuerpo impeliendo el vómito por encima de la mesa, los vómitos – entre los que se adivinaba un buen plato de macarrones – comenzaron a derramarse sobre el cuerpo inerte de la enfermera que yacía inconsciente a los pies de la mesa.

Paco, inmóvil, sorprendido, boquiabierto, miraba asqueado a la enfermera “¡dios, cuán enormes son sus senos!”, los vómitos, que se le antojaron caramelo, resbalaban por sus pechos yéndose a estancar bajo la barbilla. Paco dudó, miró al médico que se escurría en la silla como la babilla negra que caía de entre sus comisuras, volvió a mirar a la enfermera… en un arrebato de decisión levantó un pié y con despreocupada violencia pisó los pechos de la enfermera, eran más duros de lo que imaginaba, se contentó con darles pequeñas patadas y contemplar como rebotaban haciendo burbujear el vómito que contenían.

Paco se alejó de la mesa y observó la escena, la enfermera – cubierta por el vómito – y el médico – echado encima de él – seguían inmóviles, inconscientes; la espera impacientaba a Paco: seguían sin moverse. Aburrido, se acercó al perchero, cogió sus móviles y se fue.

I

Una tarde morada, con luz difusa,
se aferraba a las colinas
– allá en lontananza, a donde nadie llega –.

Ramón González, de profesión embustero,
desnudaba con sumo cuidado su mano,
como si tuviese un guante:
qué preciso era el movimiento,
qué grácil silueta la de su nariz reflejada en el pino enhiesto
que el rayó tronzó; y la ceniza, dispersa,
se sacudía el polvo al derramarse
desde la muñeca, sobre la hojarasca,
sobre el manto seco, mullido, muerto.

“¿Qué has perdido en este bosque?”
le gritaban los olmedos,
desde los valles, con su mirada soslayada
y agitando sus cabellos.
“Nada, nada” respondía,
y luego lo pensaba “pero hay más luz aquí”.

Ramón González, de profesión sueñacuentos,
sustraía, agregaba, dividía segundos enteros,
o ya no, y jugaba con su tiempo.

“¿Dónde está tu tiempo?”
le gritaban los hayedos,
de entre las hayas, inquietos, rumorosos.
“No sé, lo he perdido”
y luego pensaba “sólo me queda nacer”.

¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué?

Muy bien, ya hemos llorado suficientemente. El imaginario social, la televisión, se ha colapsado por el dolor: como la sociedad. Sangre, heridos, destrucción, dolor, el bombardeo de casquería ha sido continuo. Todos los políticos, prestos, han simulado detener su campaña. ¡¿Cómo?! ¿No es su campaña la televisión? ¿Su imagen? Se han ahorrado los mítines, han borrado la conciencia política queriendo: “que vote el miedo; no piensen ustedes, desdichados ciudadanos, el terror nos asola”. No hay preguntas, no hay –por tanto– respuestas, no hay un discurso ni una razón. Aznar, sin pruebas, se muestra vehementemente convencido de la autoría de ETA; horas después, con evidencias en la mano, duda. ¿Miente? Por supuesto, pero quizá tanto a él como a todos nosotros; la sociedad se autoengaña: ¡Qué horror! ¡Qué sufrimiento! ¿Cómo es posible tanto daño gratuito? No hallan consuelo, no hay explicación, el mal –el eterno mal– ha penetrado en el Edén de Occidente y algún demonio –¿qué importa cual y por qué? – ha pecado y blasfemado contra la Biblia constitucional. “NADA justifica tal masacre” es un axioma repetido hasta la saciedad por todas las esquinas. Parece evidente: nada justifica tal masacre. Sin embargo, ¿cuántas horas de televisión y radio, cuanta tinta, se han desperdiciado intentando discernir si las masacres perpetradas al pueblo iraquí, al palestino, al chechenio… han estado justificadas? ¿Quién ha provocado toda esa destrucción, todo ese horror? ¿Quiénes son los “culpables”? ¿Duda alguien de la responsabilidad de Bin Laden en los atentados de Al Qaida a pesar de no haber accionado el detonador? Pero aquellos muertos no duelen, no sufren, son muertos “colaterales” víctimas necesarias del Orden mundial, han de morir para que Husseyn desaparezca, para que desaparezca el mal, pero ¿no es el acto lo que nos repudia? ¿No es la masacre lo que aborrecemos? No, es el miedo –no el odio– el que nos mueve; vemos nuestra vida, nuestro “feliz, justo y ordenado” modo de vida, atacado: nos podría haber pasado a nosotros. Sin embargo, “sabemos” que EE.UU. no arrasará el territorio patrio en busca del petróleo que empieza a escasear en sus pozos, no destruirá nuestra vida para enriquecer a los magnates petroleros que, disfrazados de políticos, dirigen tal nación. Nosotros, no podíamos ser las víctimas, al fin y al cabo, ¿no son ellos locos fundamentalistas, semilla del mal, y nosotros civilizados occidentales, paladines de la libertad? El ejército español, en connivencia con el estadounidense y el británico, ha destrozado, del mismo luctuoso modo que otros a las víctimas de Madrid, las vidas y los anhelos de millones de iraquíes (por no mentar otros casos). Civiles árabes, consternados como el pueblo madrileño, indignados como los manifestantes del día siguiente, resueltos como los periodistas de TVE que –sin pudor alguno– no han dejado de hacerle campaña al PP durante todo el día, han llegado a la conclusión que sus muertos inocentes, su vida perdida, su dolor impagable, se venga con la misma moneda. Que, en la batalla por la supervivencia, ellos –que jugaban con negras– han movido en su turno y se saben victoriosos. Esa locura, promovida por el miedo, el mismo miedo a perder su modo de vida, el mismo miedo de todos, ha llevado a que un puñado de aturdidos hombres haya perpetuado la cadena, cerrado el círculo, la violencia puede seguir. Occidente ha justificado los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, Dresde y el confinamiento en campos de exterminio de ciudadanos norteamericanos de ascendencia asiática por el terror de Hitler: ¿no era ese el terror de Hitler? Occidente ha justificado todas las guerras del capitalismo contra el comunismo, y viceversa, en los más diversos escenarios (donde los muertos son “otros”) por los más diversos motivos. Occidente ha justificado todas las guerras del petróleo, en Afganistán –donde habitaba el mal–, en Irak –donde habitaba el mal– y donde se tercie en un futuro, porque no cesará la espiral de terror. Porque el terror poliniza los fértiles terrenos de la injusticia, porque en nombre de invulnerables principios morales se violan esos mismos principios. Porque si la lógica de Aznar es: podemos matar a cualquier iraquí porque Husseyn es un vil dictador, sólo habrá que esperar a que los aznares iraquíes hagan su triunfal entrada en la guerra sin cuartel que han abierto los que sustentan el apoyo de los gobernantes, los que poseen los medios y crean opinión. La sinrazón sigue dando pasos de gigante mientras los ciudadanos, aturdidos, desinformados, miramos –como en un partido de tenis– de un lado para otro esperando que la pelota caiga en terreno ajeno. La moraleja es que, aquí y allí, han muerto los de siempre: los que juegan ese papel en la sociedad, las víctimas que alimentan los sueños de grandeza de la clase dirigente, el pueblo. Aznar sonríe, está tranquilo, ha dormido bien desde que comenzó –y aún no ha cesado– la carnicería iraquí, sus problemas son otros: “su España se llena de moros”, “el despido es muy caro para sus amigos”, “los rojos gobiernan en Cataluña”, “los vascos no quieren ser españoles”, el ideario de Aznar, lleno de profundas meditaciones trascendentales se difumina en esa barrera de la España patriota y “nosotros contra ellos”. Bienvenidos al mundo real, abróchense los cinturones y, por favor, voten al PP para que siga el espectáculo. Pan y circo.

La oración

La oración

¿De qué sirve la oración? Más allá de la deprecación o la alabanza, innecesarias ante una divinidad omnisciente como la que representa el cristianismo, la oración -ante la amenaza del olvido divino o del pecado- resulta el mejor complemento del rito público para darle al difuso concepto deísta la dimensión que éste no puede ofrecer. Por medio de la oración, de la 'línea directa' con Dios, se disocia el 'ente psicológico divino', digamos, se crea el Dios que cada uno ve. El discurso interno, inherente al concepto de la propia existencia, se transmuta en un indiscreto monólogo hacia un 'aparente' ente formado por retales de los temores, anhelos e iniquidades del orador; el discurso interno crea un Dios a medida, abstracto, difuso, vago, que la jerarquía del rito se encarga de homogeneizar en beneficio propio.

De este modo, se crea una autoridad paterna omnisciente (Dios, Padre o, como en el caso del célebre iluminado, “Abba”) que perpetúa el binomio infantil culpa-castigo tamizándolo por el confuso 'perdón'. Una autoridad que coarta el instinto humano, sustituyéndolo por los confusos prejuicios recibidos al dictado. Una absurda intuición que aleja al creyente de una neutra existencia como primate y confunde su consciencia con sutiles paradojas metafísicas abocándolo, al fin, a acompañar los actos de su ‘ser’ de permanentes juicios morales.

Esta peligrosa, sino enfermiza, disociación provoca que el creyente sustituya el concepto de ‘responsabilidad’, proveniente de su relación con la sociedad y referido a actos reales, con el de ‘pecado’, proveniente de su relación consigo mismo y referido al aprendizaje social iniciático –en el ámbito familiar- forjado con prejuicios morales. La evidente desventaja de este último paradigma respecto de la comprensión de las acciones propias y ajenas, aún como mero sedante para la ‘angustia existencial’ que proclaman algunos deístas; nos lleva a concluir que la oración, como ejercicio de autoengaño, aleja de la perspectiva crítica de la propia existencia y obnubila la visión del individuo realizado en su sociedad, ligado a un imaginario común y víctima y propagador de sus particulares prejuicios sociales entre los que encontramos, a menudo, convenciones morales disfrazadas de mitología.

Lost in Hollywood

[Apartamento con vistas a un cartel luminoso, 6:13 AM.]

Suena el despertador. Como cada mañana durante el último par de semanas, sin importar la hora a la que me levante, una emisora de nombre impronunciable emite la hora, el tiempo y las noticias de interés. Es una de las ventajas de vivir en una película, el inconveniente más evidente es que la última noticia hablaba de mi fuga tras haber asesinado a la mujer de mi ex-jefe, el comisario: estoy en busca y captura, y la recompensa es suculenta. De todos modos se me ve tranquilo, por supuesto soy inocente, no es más que un complot de la mafia china que, en vez de pegarme un tiro en la cabeza, se dedica a hacerme la putada. Cosas de la vida.

Me levanto maldiciendo y me arrastro hasta la cocina. En la nevera sólo hay una botella de leche abierta -llena eso sí- y un trozo de pizza de ¿ayer? Me hago el jodido, como si hubiese visto otra cosa en las últimas semanas. Agarro la jarra de café frío y me lo sirvo en una taza cogida del fregadero, mojo los labios prietos y simulo tragar mientras me rasco la cabeza y miro pensativo por la ventana. Una mujer y su hijo juegan en el parque -si se le puede llamar jugar a dar saltos riéndose con cara de gilipollas-, por supuesto me recuerdan a mi mujer y a mi hijo, asesinados por la misma mafia tocacojones, y juro venganza golpeando la mesa con el puño. La emoción intensifica el dolor de la bala alojada en el hombro. ¿A que no se me había notado hasta ahora? La putada es que no puedo ir al hospital por razones evidentes y nadie se ha dignado a ponerme un amigo cirujano, "muy forzado" dicen, no te jode.

En décimas de segundo me desvisto, ducho, seco, acicalo, visto y cojo las llaves del coche. En cargar la pistola tardo de cinco a diez segundos. De repente, aparezco en mi descapotable rojo, se supone que debería ir de incógnito, pero ¡qué coño!, levanto la capota, me pongo mis gafas de sol macarronas y la radio a todo volumen. Sonrío, pero lo cierto es que ya me empieza a tocar los cojones escuchar día tras día la misma puta banda sonora. Cosas de royalties.

Y ahí me ven: vaqueros, botas, chupa de cuero, camisa de franela y una Desert-Eagle 0.50 pegada al pecho. Como todo buen policía-expulsado-del-cuerpo que se precie (y no duden que era el mejor del cuerpo, aunque algo indisciplinado, por supuesto) tengo un amigo algo tirado, y más feo que yo, que me debe un gran favor. Lo que no recuerdo es si le salvé la vida o le saqué de la droga. El caso es que ya estoy allí: el peor barrio de la ciudad. Un portón metálico cierra una gran nave abandonada. Mi amigo espera, entro dejando la capota de mi deportivo bajada, consciente de que me observa en la oscuridad.

- No me ha seguido nadie - asevero.
- Bien, entonces estamos solos.

Me giro hacia la voz y veo al coleguita avanzando entre las sombras con paso firme y decidido. Intercambiamos algunas frases hechas, yo me hago el listillo, él no deja de recordarme lo mucho que me debe y que la herida me la debería ver un médico... palabrería, y yo no he ido allí para hablar, si no lo hubiese llamado por teléfono, que tengo uno móvil muy guapo. Hemos ido allí para que nos disparen, como suena.

Fuego cruzado, malotes vestidos de negro con gafas de sol -sí, hay poca luz, pero tampoco tienen que acertar- empiezan a aparecer de entre las cajas, y con cada malote una gabardina y un pinganillo.

- ¡Mierda!¡Una emboscada! - grito, por si alguno de los presentes no se había dado cuenta.

Corro a parapetarme detrás de un bidón de gasolina, saco la pipa -con munición infinita de serie- y me lío a pegar tiros. Los malotes empiezan a caer como moscas, uno tras otro, muerte instantánea, sin tiempo para decirles a sus compañeros algo como "dile que siempre la quise" mientras escupen sangre a borbotones. En pleno fragor del tiroteo, me saco un primer plano de la manga y le susurro a mi amigo (que está como a 5 metros parapetado detrás de otro bidón de gasolina):

- ¡Cúbreme!

Mi amigo, que no es que hable mucho, pero oye de puta madre, asiente y sigue a lo que estaba: pegando tiros indiscriminadamente. Entretanto, me incorporo y salgo por patas sin dejar de disparar -y sin dejar de matar malotes, por tanto-. El fuego enemigo levanta esquirlas del suelo bajo mis pies, pero -¿cómo dudarlo?- salgo ileso del percance y, al poco, mi amigo jadeante.

Nos montamos en mi deportivo, saltando por encima de la puerta, y ahuecamos a toda ostia. Los malotes, que no han perdido el tiempo, nos persiguen en dos furgonetas negras con cristales tintados. Atravesadas cuatro manzanas, desembocamos en una gran avenida montando un pifostio descomunal. Detrás de nosotros: turismos, taxis, un autobús escolar y hasta un camión de bomberos se cruzan en un choque colectivo; la primera furgoneta vuela por encima del amasijo de chatarra estallando al impactar contra el suelo. La segunda se detiene impotente.

- ¡Mmmmpf!¡Lo cogeremos! - grita cabreado un despiadado chino con acento de Ohio.

Tras el exitoso esquinazo, decidimos almorzar en una cafetería de carretera, en la mesa pegada a la ventana. Más tarde, tendré que ir a junto del malo maloso para que me den una paliza y me encierren en otra nave abandonada; para después dejarme escapar. Lo cierto es que es un coñazo estar atrapado en una película de acción americana, yo hubiese preferido algo más místico como Robert Walker con Ava Gardner en "One touch of Venus" o más terrenal como Marlon Brando con Maria Schneider en su pisito, en "Last tango in Paris". Pero así es la vida, más jodido lo tienen los malotes. La parte buena es que mañana tengo una cita -pospongo el fregao- y acabaré follando. Lo dicho, más jodido lo tienen los malotes.

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