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ubicuamente : breviario de incertidumbre

El vacile

Vacilar, putear, burlarse, tomar el pelo... podríamos seguir durante muchas líneas, pero el espacio es oro en la blogosfera. Es una habilidad probablemente tan vieja como la humanidad (y ciertas conductas observadas en varias especies de simios inducen a pensar que quizás incluso más). ¿Habilidad? Sin duda, y de las adquiridas por métodos poco ortodoxos. ¿Quién no conoce al típico superdotado del vacile, del que todo el mundo se aleja pero no tanto como para no poder oírlo?

El objetivo de todo vacile se encuentra en un algún punto de una recta trazada por la diversión -propia y ajena (vamos, reconocedlo...)- y el orgullo (directamente proporcional a la humillación del otro).

A pesar de su enorme diversidad, los vaciles suelen compartir una estructura común:
* Planteamiento: momento en el que un individuo, por lo común un vacilón en busca de una víctima propiciatoria, reta a otro que debe recoger el testigo para que la batalla dialéctica tenga lugar. El reto, siempre mordaz, puede partir del encubrimiento, del insulto o del sarcasmo; y, entre las diversas aceptaciones encontramos, respectivamente, no pillarla, responder o callarse (el más peligroso de los comienzos, que presagia un pronto desenlace).
* Nudo: la chicha del asunto, donde el único arsenal es el ingenio, tan variado que no veo como clasificarlo. La diversión proporcionada al indefectible espectador es equivalente a la suma de los niveles de habilidad de los contendientes, los cuales, si además son parejos, convierten la discusión en memorable.
* Desenlace: en este punto el vacile se convierte en un soliloquio humorístico para mayor recreación del vencedor. El derrotado puede o bien callarse, cabizbajo, si es buen jugador, o enfadarse, si tiene algún complejo.

A poco mojigato que uno sea siempre tilda a quien reta de cruel y al vencedor de despiadado. Pero ¿se puede renegar de una actividad lúdica tan arraigada en nuestras costumbres? La prístina lucha física se refinó convirtiéndose en arte marcial para, después, degenerar en deporte. ¿Qué pasará con esta modalidad de lucha intelectual? ¿Habrá algún día un centro de alto rendimiento para vacilones? ¿Habrá una liga profesional?

No puedo acabar sin remarcar el hecho de la aceptación y sin valorarlo en su justa medida. Como muestra, escuchad (si teneis eMule o algún otro cliente compatible) a Manolo Cabeza Huevo convirtiendo en magnánimo un vacile que, sin su entregada aceptación, no habría pasado ser de patio de colegio. La foto de este hombre debería aparecer, en la Enciclopedia del Vacile, al lado de 'trapo (entrar al)' o 'anzuelo (tragar el)'.
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2 comentarios

Nuno André Novo -

Gracias, muchas gracias, Miranda.

Por cierto, he comprobado tu febril actividad en elpombo.com ¿Por qué no escribes un blog para intentar condensar tu discurso ideológico? Si lo haces, por favor, házmelo saber.

Miranda -

Acabo de leer su comentario en el blog de Haro.
Venir aquí ha sido una muy agradable sorpresa.
Estupendo blog.

M.
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